Género, igualdad y equidad
Garantizar la igualdad y equidad Vs perpetuar jerarquías y desigualdades.
Nos parece importante comprender las grandes diferencias entre el género y la “ideología de género”, desde la afirmación de que jamás el primero puede convertirse en acciones que limitan derechos y frenan oportunidades.
El género se concibe como una construcción social y cultural que organiza las identidades y roles más allá de la diferencia sexual. Judith Butler (1990) plantea que el género no es una esencia innata, sino una práctica que se repite y se inscribe en los cuerpos a través de normas sociales. Y Joan Scott (1986) lo define como una categoría de análisis histórico que permite comprender las relaciones de poder y las formas en que se produce la diferencia sexual en la cultura.
Aunque la neurociencia ha identificado diferencias sutiles en el cerebro asociadas al sexo biológico, estas variaciones —influenciadas por genes y hormonas— no determinan el género. Anne Fausto-Sterling (2000) subraya que la plasticidad cerebral y la interacción entre biología y cultura generan un continuo de posibilidades, más que una división binaria. Así, el género emerge de la interrelación entre biología, subjetividad y experiencias culturales.
En consecuencia, la biología suele definir categorías de sexo a partir de la genitalidad, pero el género se configura principalmente desde lo cultural y lo subjetivo: cómo la persona se autopercibe y cómo se reconoce en relación con las normas sociales. El género, entendido como asunto del ser, se convierte en un espacio de autonomía, resistencia y diversidad.
Desde este punto de vista, en el reconocimiento social de la diversidad de género debe primar la dignidad, la equidad y la igualdad de todas las personas. No la imposición de prejuicios ni de normas excluyentes que favorezcan comportamientos hegemónicos, diseñados para sostener intereses políticos, religiosos o ideológicos dominantes.
La noción de ideología de género, utilizada por grupos supremacistas del heteropatriarcado, constituye una estrategia discursiva destinada a deslegitimar la diversidad y a reforzar estructuras tradicionales de poder. Se presenta como una amenaza a valores como la familia o el supuesto “diseño original”, pero en realidad opera como un dispositivo de control social que busca perpetuar jerarquías y desigualdades. Como señala Butler (2004), estos discursos normativos intentan fijar el género en categorías rígidas, invisibilizando la multiplicidad de experiencias y cuerpos.
Quienes apelan al binarismo biológico para atacar la diversidad no reconocen que sus propios argumentos se sustentan en construcciones de género. Al asignar roles diferenciados y excluyentes a hombres y mujeres cis heterosexuales en la familia, el empleo, la educación y la comunidad, reproducen un orden social que oprime, vulnera derechos y perpetúa la violencia. Este modelo desconoce la relevancia de la equidad en la vida cotidiana y en las políticas públicas, reforzando desigualdades estructurales.
La perspectiva de género, en cambio, no se limita a defender a determinados grupos o identidades. Propone comprender que sexo y género confluyen en la determinación de la diversidad humana, que atraviesa a todas las personas. Reconocer esta diversidad implica garantizar igualdad y equidad sin barreras ideológicas, asegurando el acceso universal a la salud, el empleo, la educación, la participación social, el esparcimiento y, en general, a los derechos humanos que son inherentes a todos los seres humanos.
Por tanto, la llamada “ideología de género” no existe más allá de ser una expresión altisonante que genera confusión y afectación. El género, como señalan la teoría feminista y los estudios sociales, es una categoría de análisis que permite comprender los papeles, expectativas y roles que se asignan a las personas en función de su sexo biológico. Dichos roles constituyen formas de ser y estar que la sociedad prescribe según se trate de hombres o mujeres, pero no son innatos ni universales: responden a contextos históricos, culturales y políticos.
En contraste, la ideología se define como un conjunto de ideas y creencias sostenidas por individuos, grupos o sociedades respecto de determinados temas. Estas creencias no constituyen evidencias, sino afirmaciones que se aceptan como válidas sin necesidad de demostración. Por ello, el género nunca puede considerarse una ideología, del mismo modo que tampoco lo son los derechos humanos, cuyo fundamento radica en la dignidad intrínseca de todo ser humano. Una ideología, en sentido estricto, se vincula más bien con doctrinas políticas, religiosas o filosóficas.
Asimismo, la conciencia social y subjetiva mantiene una relación estrecha con el género, pues moldea percepciones, comportamientos y formas de interacción. La conciencia de género resulta fundamental para construir sociedades más justas e igualitarias. Es una herramienta clave para la equidad, con un impacto directo en ámbitos como la educación, el empleo, la salud, la justicia y la protección social. Promueve el reconocimiento de identidades diversas más allá del binarismo biológico hombre-mujer y abre el camino hacia la igualdad y la libertad de ser y expresarse.
Equidad e igualdad en la perspectiva de género.
Si la equidad es dar a cada uno lo que le corresponde para alcanzar lo justo y la igualdad es dar derechos y oportunidades a todos sin diferencias sociales, culturales, de origen o económicas. Entonces, el género como categoría de análisis juega un rol fundamental para hacer que la equidad e igualdad sean reales y alcanzables, contribuyendo a garantizar y hacer cumplir los derechos humanos, producto del reconocimiento de la dignidad humana y las obligaciones contraídas por los Estados democráticos y de derecho.
Es decir, alcanzar una sociedad donde todas las personas, aunque diferentes, tengan los mismos derechos, las mismas oportunidades, reconociendo que la perspectiva de género contribuye en la diversidad a que las individualidades, como pueden ser la orientación sexual, la identidad autorpercibida, el sexo, el origen o la condición socioeconómica, se materialicen con justicia en políticas públicas y no se queden en meras declaraciones de buena voluntad.
Desarrollo y perspectiva de género.
En las ciencias sociales, el desarrollo se refiere a los cambios en las condiciones productivas de una sociedad que conlleven mejoras en las condiciones de vida de sus ciudadanos. Para las Naciones Unidas (ONU), el desarrollo es un concepto multidimensional, centrado en mejorar la calidad de vida, erradicar la pobreza, reducir la desigualdad y proteger el planeta. Los Estados miembro, a través de sus administraciones, coordinan acciones internas con las agencias de la ONU para alcanzar los planes de desarrollo en el ámbito nacional.
Los pilares fundamentales para una mejor calidad de vida están íntimamente relacionados con educación, salud, empleo decente, vivienda, protección social, participación, organización social, seguridad personal, acceso a bienes y servicios, tecnología, etc., que, como vimos supra, deben brindarse en condiciones de igualdad y equidad, siguiendo los principios, garantías y normas de los derechos humanos, “para que nadie se quede atrás”[1]. Resulta fundamental, entre otras, que la perspectiva de género sea transversal a todos los planes de desarrollo, en el ámbito humano, social y económico, para alcanzar a la diversidad de población de la sociedad en la satisfacción de las necesidades básicas.
Por tanto, desde la perspectiva del desarrollo, no se pretende imponer la perspectiva de género como una ideología con un plan preconcebido para arrasar con valores tradicionales, para imponer el feminismo o la diversidad LGBTIQA+; se trata de una herramienta estratégica que permite la inclusión de todas y todos para alcanzar el mayor grado de desarrollo.
Es el principio central de la Agenda 2030 de la ONU, un compromiso para erradicar la pobreza y la exclusión. Asegura que las políticas y acciones lleguen primero a los más marginados, abordando la discriminación, el estatuto socioeconómico y la vulnerabilidad. Esto se logrará mediante la inversión en igualdad, educación, salud y servicios inclusivos. Además, transformará las comunidades hacia un desarrollo sostenible e igualitario para todos.
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Referencias:
Butler, Judith (1990) El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad.https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Judith%20Butler%20-%20El%20genero%20en%20disputa.pdf.
______ (2004) Deshacer el género. https://archive.org/details/butler-2006-deshacer-el- genero/mode/2up
Diccionario de la Real Lengua Española. https://dle.rae.es/diccionario
Fundación IS+D. (2023) ¿Por qué el género no puede ser nunca una ideología? https://isdfundacion.org/2023/07/20/por-que-el-genero-no-puede-ser-una-ideologia/
Scott, Joan W. (1986) El género: Una categoría útil para el análisis histórico. https://www.smujerescoahuila.gob.mx/wp-content/uploads/2020/05/scott.pdf
Sterling, Anne Fausto (2000). Cuerpos sexuados: La política de género y la construcción de la sexualidad. https://seminariolecturasfeministas.wordpress.com/wp content/uploads/2012/01/anne-fausto-sterling-cuerpos-sexuados-la-politica-de-genero-y-la-construccion-de-la-sexualidad.pdf
Concepto. https://concepto.de/desarrollo-3/
(1) https://sdgs.un.org/2030agenda
Creditos:











2026 y aún necesitamos hacer evidentes estas diferencias. Es un reto. Belkis Lugo
ResponderEliminarQue buen articulo, me encanta que esten usando IA para revitalizar las fotografias, simplemente hermoso, que buen aporte. Increible. Rodolfo Montes de Oca.
ResponderEliminar👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
ResponderEliminar¡¡¡Saludos!!! Leí todo este artículo; no siempre lo hago. Me gustó mucho. Humberto Cordova.
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