Un protocolo que solo está ahí...

 

…la violencia o el acoso por diferencias derivadas de cualquier tipo de prejuicio, sea este por identidad, orientación sexual, raza, tendencia política o religión, no son problemas exclusivos de un grupo, sino heridas al tejido académico de todos.

Lic. Delys Navas. Profesora UCV


Facultad de Humanidades y Educación

    Según relatos y experiencias comentadas más como anécdotas que como casos registrados y resueltos, la Universidad Central de Venezuela (UCV) no está libre de violencias y acosos de género y homolesbotransfóbicos. En nuestra magna casa de estudios parece urgente el estar a la vanguardia en la prevención de estas deshonrosas acciones, que la colocan en un limbo que pudiera estar respondiendo más a desidia que a políticas excluyentes que han permanecido indelebles en nuestro país por décadas.

Pasillo Facultad de Humanidades y Educación

    Un gran acierto es que la UCV tiene el Protocolo de Actuación en Casos de Discriminación y Violencia; sin embargo, en la elaboración de este artículo no se encontraron datos precisos en la página online ni en las facultades de la UCV, que concreten el mandato de este Protocolo sobre la aplicación de estrategias de prevención, aprendizaje, detección y sensibilización contra la discriminación y la violencia. Solo aparece un comunicado que reconoce la existencia de la Resolución No. 341 ( 3 de julio de 2024) que creó la Coordinación Técnica Central contra la discriminación y la violencia. Puede consultarse la versión completa de esta resolución en la página Documentos de este blog.

Lo que encontramos

     El boletín UCV Noticias informa sobre una actividad impartida el 12-05-2025 por los Centros de Estudiantes y la FCU-UCV para diseminar conocimiento sobre la Resolución No. 341 contra la discriminación y la violencia. Según la nota de prensa, el foro educativo “Protocolo de acoso: “¿Mito o realidad?” tenía como objetivo garantizar un ambiente universitario seguro, respetuoso y libre de cualquier forma de agresión. El consejero universitario y representante estudiantil ante la Comisión Técnica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Uriel Torres, consultado sobre cómo activar el protocolo, dijo: “…la finalidad principal del Protocolo no es hacer una cacería de brujas, sino lograr que la universidad sea un espacio muchísimo más seguro para todas y todos”. Paula Ochoa, representante estudiantil de la Comisión Técnica de la Facultad de Humanidades y Educación, expresó que el acoso siempre ha existido. Aunque las víctimas puedan sentir miedo de denunciar, los representantes de la Comisión Técnica en las distintas facultades buscarán facilitar el proceso para la víctima.

    De acuerdo a unos diálogos sostenidos (1), para este artículo, con docentes de las Escuelas de Trabajo Social, Psicología, Derecho, Letras y Arte, en cuanto a la aplicación del Protocolo, surgieron diversas opiniones relacionadas con el desconocimiento de  su existencia, las limitaciones que tiene, y el engavetamiento en la Consultoría Jurídica y sin discusión. En general, están  de acuerdo en que la discriminación, la violencia y el acoso tienen efectos negativos en el desempeño y la asistencia del estudiantado. Estos problemas también afectan la participación, la organización y la defensa de derechos, además de aumentar el ausentismo y el abandono escolar, lo que contribuye a la impunidad. Las entrevistas completas, tanto impresas como en video, pueden visitarlas en la página Galería de este blog.

https://youtu.be/31sMNaswOVc
    
Isabela Zerpa, directora del Centro de Estudios para la Mujer (CEM) de la UCV, integrante del equipo redactor y parte de la Instancia de Coordinación Técnica Central contra la discriminación y la violencia, entrevistada para este artículo, opina:

Yo percibo, en relación con el protocolo de la UCV, que, pese a los esfuerzos que se han desarrollado, las cosas se quedaron ahí. A mi entender, no se hizo justicia a lo que planteamos inicialmente. No se han podido hacer los cambios, pero queda abierta la posibilidad de que podamos hacer hincapié en algunos temas. Uno, en primer lugar, a que se le dé más relevancia al tema de la violencia de género específicamente hacia las mujeres y, por supuesto, a todo el amplio universo de la diversidad. En relación con el tema de la diversidad, con mucha honestidad te digo que no se ha abordado con la importancia que merece; eso es lo que veo desde afuera, porque no estoy dentro de la Comisión. Realmente, no se ha trabajado con la intensidad, la urgencia y la necesidad que se requiere. Por otro lado, ha costado que el Protocolo avance como quisiéramos, por un conjunto de circunstancias más bien de logística y administrativas. Por ejemplo. Todavía no hay un espacio específico para la Comisión del Protocolo. Percibo poca perseverancia de los representantes y poca comprensión sobre la importancia que tiene esto. Además, hace falta sensibilizar. Próximamente, nos vamos a reunir para eso y yo me voy a integrar a la Comisión.


El cambio requiere más que voluntad política

Aula de clase. Escuela de Arte

   No cabe la menor duda de que la voluntad política del Consejo Universitario de la UCV para prevenir, formar y detectar la violencia y la discriminación en el espacio universitario y más allá, quedó plasmada con la Resolución No. 341, que en su Exposición de Motivos expresa:

  Los espacios académicos venezolanos reproducen estereotipos culturales, patrones de abuso de poder, acoso u hostigamiento, conductas no consentidas de aproximación física o sexual, que perpetúan la violencia implícita y explícita e impiden o dificultan las denuncias. En este sentido, la comunidad ucevista demanda a sus autoridades políticas y protocolos de seguridad dirigidos a prevenir, atender y erradicar estas amenazas y riesgos.

    Sin embargo, es urgente que el Consejo Universitario y la Comisión designada para el caso no reproduzcan la desidia nacional de los poderes públicos afectados por la no aplicación de leyes, reglamentos, protocolos y otros instrumentos dictados para prevenir hechos tan infamantes como lo son la violencia y la discriminación.

Pasillo exterior cubierto Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas

    La aplicación del Protocolo, para ser eficiente y eficaz, debe contar con un presupuesto que lo haga sostenible, visible y real para la comunidad universitaria y la dignidad de las personas. Un protocolo declarativo de buena voluntad corre el riesgo de ser letra muerta, que agrava aún más la situación que se quiere corregir, colocando la norma como ineficaz, generando vacíos legales o inseguridad jurídica, provocando desobediencia, impunidad, desprecio normativo, incertidumbre, incluyendo la pérdida de vigencia por falta de aplicación reiterada.

    A continuación recogemos las experiencias de dos estudiantes de la Facultad de Humanidades y Educación, Escuela de Letras: Samantha Alvarado y Kesarted Aer, quienes se aproximan, para este artículo, al hecho de la violencia, el acoso y la discriminación como una situación real, vivida, que depende del azar, de la suerte donde te encuentres. 

    No obstante, las barreras que se enfrentan en el día a día universitario, hay una lenta y promisoria certidumbre de que, más allá de la aplicación del Protocolo, un cambio generacional empuja la convivencia, la paz y el respeto en el recinto universitario. Tal como también lo expresa la profesora Támara Adrián, quien afirma: “Los avances que puede haber se refieren al cambio de actitud generacional. Y no a políticas públicas de inclusión y de lucha contra la discriminación”.

    La UCV no debe quedarse con un protocolo que solo está ahí…, necesita intervenciones puntuales para no prolongar las heridas del tejido académico y promover un sano ecosistema universitario.

(1) Lamentablemente, no se obtuvo la opinión del director de la Organización del Bienestar Estudiantil (OBE), a pesar de las varias comunicaciones enviadas para solicitar entrevista. 

Referencias:
https://ucvnoticias.ucv.ve/
http://www.ucv.ve/organizacion/facultades/facultad-de-ciencias-juridicas-y-politicas.html
http://www.ucv.ve/organizacion/facultades/facultad-de-humanidades-y-educacion.html
https://www.ing.ucv.ve/
http://www.ucv.ve/
http://www.ucv.ve/fileadmin/user_upload/vrad/documentos/RRHH/Publicaciones/Circulares_2024/CU.2024-1033_-_PROTOCOLO_DE_ACTUACION_EN_CASOS_DE_DISCRIMINACION_Y_VIOLENCIA_EN_LA_UCV.pdf


El currículum invisible en la UCV
Sombras que no se han vencido en la cotidianidad trans.

Samantha Alvarado, estudiante en la Escuela de Letras UCV.


 En Venezuela ser estudiante es una batalla ardua: si no se está luchando para pagar un pasaje, se lucha contra los cuerpos policiales que reprimen las protestas. Nunca he tenido la afinidad de identificarme por entero como una ucevista, porque a menudo las personas queer nos hemos visto desplazadas de esa identidad de orgullo nacional, y la identidad ucevista es otra cuna del patriotismo que se predica en Venezuela, ese mismo que se ha encargado de perseguirnos.

Samantha Alvarado y Gaby Pérez en el pasillo de Letras UCV

    La UCV es una casa que tiene muchas sombras que no ha vencido y que, por el contrario, parece proteger. La lucha por hacer de la universidad un espacio seguro para la comunidad LGBTQI+ ha tomado mucho trabajo, la discriminación institucional es una de las que más limitan el desarrollo de nuestras vidas y en la actualidad sigue sin ser un espacio accesible para todes. El acceso a la educación en Venezuela ya de por sí es complejo para cualquier persona, pero en el caso de la comunidad trans lo es aún más, al punto de que no contamos con estadísticas claras. Quienes hemos logrado tener acceso, ha sido, en gran medida,  por ocultar nuestra identidad, por contactos o por un golpe de suerte. En muchos casos nos hemos podido acoplar a espacios como la Facultad de Humanidades, en donde ciertamente hay una mayor apertura y accesibilidad a la diversidad; pero esta realidad es distinta en otras facultades como Ingeniería, donde se ha reportado discriminación por parte del profesorado, o en la de Ciencias Políticas y Jurídicas donde, en mi propia experiencia visitando la facultad, la gente te mira  extraño y se incomoda con tu presencia, como si les estorbaras a la vista. 

Usar los baños es tarea complicada


   El uso de los baños es otra lucha complicada: mientras estos se caen a pedazos, acceder a los que corresponden a tu identidad es impensable si no posees un cispassing  por lo que preferimos no usarlo para evitar problemas, aun a pesar de que el baño contrario a nuestras identidades nos exponga al peligro de ser acosades. Y podría pensarse que la solución es un baño para nosotres, porque la Universidad Católica Andrés Bello tiene un baño neutro que pretende ser un espacio seguro para identidades disidentes, que quizás es  una pequeña curita para una herida que sangra, un baño seguro en comparación con los otros baños que te exponen pues  lamentablemente se convierten en  una herramienta de segregación, una que te obliga a desplazarte de un punto de la universidad a otro, solo para orinar en paz.

  Para muches, los baños no solo cumplen un rol en nuestras más que obvias necesidades fisiológicas; una buena parte de la población trans estudiantil está dentro del clóset con sus familias por depender económicamente de ellas para los estudios, por lo que el baño se vuelve una rutina obligatoria para cambiarnos de ropa.

Materia pendiente: que me llamen como quiero

De izq. a der. Gaby Pérez, Kesarted Aer y Samantha Alvarado.

   La lucha por dignificar nuestras identidades también ha sido una constante, teniendo que frecuentemente defender nuestros nombres y pronombres en las aulas, dialogando con la transfobia que el personal docente y  administrativo emana con libertad, sin admitir sus discursos conservadores en contra de la libertad. No se pretende que la universidad admita inmediatamente el uso de nuestros nombres a nivel administrativo, pues lamentablemente para ello hay que pasar por el reconocimiento legal de nuestras identidades, reconocimiento que se lucha por fuera de las instancias académicas, a pesar que el artículo 146 de la Constitución garantiza el cambio de nombre. La realidad ante el SENIAT es el rechazo, el escarnio y la ignorancia que acrecienta la deuda histórica con una comunidad relegada a la marginalidad, con miles de denuncias ignoradas en las fiscalías y que por el contrario se archivan como pruebas incriminatorias para seguir maltratando a las víctimas.

  Nuestra comunidad muere todos los días violentamente, la transfobia en las aulas de clase se sostiene sobre excusas banales: “en el salón de clases no se usan apodos”, “para qué llamarte así si de todas formas te graduarás con nombre real”, “te llamaré por tu apellido” y la censura de pronombres “usted/esa persona”. En este sentido la universidad lejos de ser el espacio seguro de estudios vuelve a convertirse en la realidad ostensible donde somos perseguides por simplemente ser.

  Hoy, como hace treinta y cinco años, sigue vigente la frase de Hanni Ossott “La U.C.V. era o es un antro que da o daba pena” (1) , y se le suma la pena de los derechos vulnerados para la comunidad trans. 


  Afortunadamente, se ha peleado por cambios en la universidad, se ha luchado constantemente por el respeto y autonomía, se ha empleado aunque sean minoría y de forma casi secreta a profesorado LGBTIQ+, quienes de forma silenciosa han luchado porque sus aulas sean espacios seguros para todes, se han creado espacios de resguardo y festejo por los estudiantes, se ha corrido la voz respecto a los abusos, se han creado protocolos contra el abuso, se ha permitido el activismo en cierta escala, pero se ha hecho injerencia. Se ha defendido la seguridad de los espacios, la sororidad y la doloridad compartida nos hermana; día a día luchamos por ser un referente para la seguridad de las generaciones futuras, para que nuestras voces dejen de ser flageladas, incomodando a la hegemonía para impulsar la libertad en nuestra autenticidad.

(1)   Frase en el poema de Hanni Ossott (nacida en 1946- fallecida en 2002) escrito en abril de 1991. Poeta y ensayista caraqueña. Profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela.

He tenido mucha suerte 
Suerte ucevista: la experiencia del marginado sin marginar (del todo) 

Kesarted Aer, estudiante de Letras UCV

  La universidad siempre ha sido el espacio de libertad de expresión e identidad que siempre necesité. Mi casa era una cápsula opresiva donde no podía ser quien yo aspirase, mi expresión era la misma que la de una oblea: sobria y reseca. Sin embargo, la UCV me abrió los ojos: podía dejarme crecer los rulos como el resto, pintarme las uñas, usar maquillaje y más joyas. Era maravilloso el contraste entre lo que esperaba y lo que era la universidad: ya no éramos adolescentes controlados por el reglamento de un castrante liceo, éramos adultos que podían hacer lo que quisiesen. Y, así, mi vestimenta fue reflejando mi identidad interna hasta notar que a mi alrededor se me trataba distinto: “elle”, “queride”, “amigue”, sin siquiera haber mencionado mi no-binarismo, como si me leyesen la mente. Pero, por supuesto, HE SIDO AFORTUNADO.


    Mi existencia no ha sido motivo de revuelo o discusión, como lo ha sido, por ejemplo, la de muches otres amigues de la comunidad LGBTQI+. En la Escuela de Letras hay mucha pluralidad, por lo tanto, no hay tanto prejuicio: góticas, chacales, transexuales, malandros, punketos, drogadictos, homosexuales, religiosos extremistas, feministas… He tenido suerte de estar rodeado siempre de personas comprensivas y empáticas. No he tenido el infortunio de hallarme mal parado cuando un homofóbico está de guardia. No me han hecho comentarios ignorantes con respecto a mi sexualidad, los profesores no me han discriminado, los vigilantes no han intentado sacarme de espacios. He tenido suerte de observar, de ver cómo les ocurre a otros y no a mí.


    Me muero de rabia y miedo de ver cuando pasa. ¿Qué haría  yo cuando si me acurriera? ¿Llorar? ¡Qué espanto! No lo hago ni cuando a alguien se le escapa mi necrónimo. He pasado debajo de la alfombra a plena vista. Soy un secreto a voces, pero no se me murmura al pasar, no soy objeto de burla sino de admiración. Tengo un espacio en el periódico El Perol donde visibilizo, desde el humor, la experiencia homosexual. He tenido demasiada suerte, la universidad ha sido mi paraíso y, sin embargo, para otros ha sido revivir el liceo, una vez más, pero esta vez con el horror de ser un adulto y no tener la certeza de un “luego será mejor”. Tengo mucha compasión, he sido afortunado.

 

Créditos:

De izq. a der. Franklin García, Gaby Pérez, Samantha Alvarado, Edgar Carrasco y Kesarted Aer
  • Coordinación: Franklin García y Edgar Carrasco.
  • Textos: Samantha Alvarado, Kesarted Aer, Franklin García y Edgar Carrasco.
  • Fotografía: Franklin García.
  • Edición y corrección de texto: Belkis Lugo.
  • Colaboraciones: Kallum Olortegui (TansAfab) y Gaby Pérez (Escuela de Letras).
Nota: mas información en la página Contribuciones de este blog. 


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